jueves, 20 de febrero de 2014

Bocas del Toro, un boleto al paraíso



Me encuentro con serios problemas para describir cómo es el lugar al que siempre soñé arribar, por eso quizá comenzar relatando cómo llegué hasta Bocas me traiga "al suave", como es que aquí dicen, la inspiración. Amo esta caribeña forma de hablar trocando el lugar de las palabras, me enseña que en esta vida nada es preciso ni concluyente y que para las cosas primarias como es esto de la comunicación no son necesarias a fin de cuentas tantas reglas. Como soporte a las primeras frases y al título de esta entrada puedo decir que hoy hace una semana que estoy en Bocas del Toro y que esta mañana por segunda vez consecutiva he vuelto a prolongar mi estancia. Me cuesta despedirme de este ambiente alegre, de estos parajes hermosos, pero si algo además de que comunicarse es fácil, estoy aprendiendo en estos días de luz es a absorber cada instante como si fuera el único, a destilar la esencia de situaciones y gentes, a ver la belleza en la sencillez de las cosas y aunque suene a tópico, a vivir cada momento como si no hubiese mañana. A vivir, vivir adrede, ¿para qué hablar de marchar si todavía estamos aquí? 



Dos días después de llegar a Ciudad de Panamá me dirijo hacia un frondoso archipiélago del Caribe cercano a la frontera de Costa Rica, salgo de noche en un autobús que tardará más de diez horas en llegar a destino. Hay una regla no escrita que sufre quien visita ciertos países de América Latina y viene a resumirse así: “el aire acondicionado cuanto más frío, más poderío”. Viajo hacia Bocas en un colectivo helado en el que los decibelios de la radio aumentan a un nivel inversamente proporcional a los grados del aire acondicionado, como es de suponer no consigo pegar ojo en toda la noche, la retransmisión de un partido de béisbol y todo un repertorio de música salsa y religiosa son el castigo que parece hemos de pagar los mortales que osamos visitar este lugar de ensueño. Paramos un par de veces en la ruta en tenderetes de carretera a reponer comida y descargar líquidos, bochorno húmedo que se agradece tras las horas de exposición a las bajas temperaturas del bus, luces de colores y más salsa y bachata nos aguardan en los dos descansos. Todo lo que me sugieren estas cosas, pese al cansancio, es una alegría más intensa que los olores de la fritanga que a esas horas de desvelo no son capaces de despertar al hambre.
Puede parecer extraño pero desde que estoy acá muchas veces me he preguntado qué debieron sentir al llegar esos primeros españoles que vinieron a “descubrir”- eufemismo, a mi parecer, históricamente utilizado para definir la invasión salvaje que en nombre de Dios y la Corona tuvo lugar- estas hermosas tierras. Restos de un pasado injusto se revelan y en cierto modo me dan la respuesta, mi trayecto en refrigeradora termina en el pueblo de Almirante, donde agarro un bote para llegar hasta isla Colón, el lugar donde he reservado hostel. La arrogancia se refleja hasta en el modo de renombrar los parajes donde se asentaron esos antepasados nuestros...
Pero pese a que Bocas fue uno de los primeros lugares pisados por los españoles, el archipiélago no se colonizó en la misma medida que otras regiones del país. Durante siglos fue refugio de los piratas que operaban en el Caribe. Quizá por este hecho y por el auge bananero que siglos más tarde vivió la región, la fisionomía de estos pueblos dista mucho de parecerse a la de las típicas ciudades coloniales de Centroamérica. Por el contrario, en las islas principales grandes extensiones de naturaleza salvaje se dejan bordear a veces, a pie de mar por dormidas poblaciones de casitas de madera multicolores donde viven negros de mirada profunda y negrazas con rulos en el pelo. Descendientes de esclavos, estas gentes se comunican en guari guari, un dialecto ininteligible que a mi poco acostumbrado oído evoca remotas aldeas del África subsahariana.

Nueve islas y un número elevado de cayos e islotes descansan sobre un mar Caribe espléndido, que salpicado de turquesas, verdes y azules, alberga en su seno extensiones coralinas de impresionante belleza. Aguas cristalinas salpicadas de ínsulas cubiertas de selva conforman el archipiélago de Bocas. 


 












Es de noche, estoy escribiendo en este lugar de ensueño sentada en un embarcadero frente al mar, el rumor de las olas es casi tapado por el rugir del bosque espeso, en el aire explota de vez en cuando el grito de algún murciélago. Es ésta sólo la introducción a un viaje por el edén, el pasaje de ida al tiempo del regocijo y de la calma. Es tarde, el cielo palpita de estrellas mientras el agua mece un bote a un lado del espigón y golpea la madera con un sonido redondo. No puedo evitar acordarme de mi admirado Neruda y de sus sonetos de madera, en cierto modo él es uno de los culpables de que yo comenzara a soñar con paladear la vida así.
"Yo con mucha humildad hice estos sonetos de madera, les di el sonido de esta opaca y pura substancia y así deben llegar a tus oídos. Tú y yo caminando por bosques y arenales, por lagos perdidos, por cenicientas latitudes, recogimos fragmentos de palo puro, de maderos sometidos al vaivén del agua y la intemperie. De tales suavizadísimos vestigios construí con hacha, cuchillo, cortaplumas, estas madererías de amor y edifiqué pequeñas casas de catorce tablas para que en ellas vivan tus ojos que adoro y canto. Así establecidas mis razones de amor te entrego esta centuria: sonetos de madera que sólo se levantaron porque tú les diste vida."


 

3 comentarios:

  1. Chulisimo tu Post! Normal que no te quieras ir de allí, jeje Disfruta Guayi! !.

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  2. Niñaaaaaaaaaaaaaa!!!! Deja ya de ponerme los pelos de punta, joía! Qué guay todo! Sigue exprimiéndolo al máximo.
    En un momento me dijiste que mi estilo de vida, junto con otros de tus amigos sirvió de inspiración para decidir este cambio. En mi caso puedo decir, sin miedo a equivocarme, que la alumna ha superado con creces a la "maestra".
    muahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!

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  3. Guayi, que genial! me encanta cómo lo escribes. Te va a salir un libro fantástico transmitiendo casa sensación, cada experiencia!
    Me encanta la foto q sales girada mirando al mar! Te quiero mucho, niña! Un besote y por favor, sigue dándome envidia! es señal de que sigues disfrutando! MUAKS <3

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