jueves, 27 de febrero de 2014

Más de Bocas, fuerza centrípeta






Entusiasmo. Esa puede ser una palabra acertada para definir todo lo que estoy viviendo estos días y tratando de plasmar en mis escritos. Podría inventar historias, crear personajes, fingir otras vidas y amortiguar con ello mis estados de ánimo, porque todo sea dicho soy mujer, ergo invariable y emocionalmente inestable, pero estas letras están escritas en primera persona, por lo que tienen desde el principio la intención de ser muy francas. Quizá por ello, a veces me asalten serias dudas sobre qué tipo de lectura puede ofrecer este blog, si una especie de guía de viaje y en este caso qué tipo de viaje, si sólo un recorrido interior o una relación interminable de lugares y notas, de nombres de hostales, precios y fotografías de otros mundos. Un desorden de textos sensibleros, cientos de historias que no interesan a nadie, o sí, quién lo sabe... Lo cierto es que la verdadera intención es que sea una síntesis, que sea un sitio, un lugar de encuentro, una ventana con grandes portones que se abren a otros mundos, que descubren qué hay detrás de otras costumbres y culturas, un variado repertorio de razones que nos permitan entender las diferencias que a veces nos separan pero también nos podrían unir a los seres humanos. Un canto a la alegría y también para ser justa y ya que cité a Neruda en la anterior entrada, un homenaje a todos los demás escritores latinoamericanos que me han inspirado para hacer este viaje y con los que aprendí desde pequeña a amar la lectura y los libros, a manejarme con el pragmatismo poderoso de la gente sencilla, a enarcar la sonrisa e izarla como estandarte y a utilizar el optimismo como única alternativa al dolor. Escribía Benedetti que "El cuerpo es más adaptable que el ánimo. El cuerpo es el primero que se acostumbra a los nuevos horarios, a sus nuevos cansancios, a sus nuevos descansos, a su nuevo hacer y a su nuevo no hacer". Tenía razón, pasé por la demencia horaria del jetlag, no dejo de sudar a mares y acuso un calor húmedo que de día me da sueño y de noche me desvela, soy una dulce tentación para los mosquitos y ya me agarró el primer virus tropical, pero el ánimo, el estado de ánimo, aún con sus vaivenes y sus pretensiones de montaña rusa sigue resumiéndose en una palabra. Sí. Entusiasmo.


Volviendo a los lugares os diré que finalmente me quedé más de diez días en Bocas del Toro, y que allí me hubiese instalado por una temporada sin ningún tipo de remordimiento si este periplo americano no estuviese recién estrenado. Pero como nada en esta vida tiene condición de definitivo me consuela el avisto de nuevos horizontes y por supuesto la conciencia de que siempre hay tiempo de regresar. Para ser muy sincera este tipo de meditación no me gusta, me siento más tranquila cuando sólo pienso en el momento, cuando los acontecimientos pasan y yo me siento arrojada hacia el centro de un no se qué con una potente inercia de fuerza centrípeta, atrapada sin poderme despegar, anclada al instante, con esa especie de impotencia que siento ante el mar cuando ya cansada soy incapaz de incorporarme en la tabla para agarrar una ola (no crean, ahí en la orillita nomás), por ese dejar a la vida y a las cosas que hagan por una. Igual para ser muy sincera también me aplico el quien no se consuela es porque no quiere, así que a veces, cuando la mente se me va al futuro y al pasado en un mismo rato me digo que más uno menos uno es igual a neutro, igual a cero, igual a tris, momento, ahora, ya. Ya fue.


                          


Isla Colón y Carenero
Y de nuevo volviendo a los lugares, en Isla Colón, la mayor de las islas, en la misma carretera que va desde el pueblo de Bocas hasta playa Punch y playa Bluff, dos enclaves puramente surferos hay un hostel llamado Pukalani, en hawaiano “Puerta Divina”. Sí, la puerta, los portones abiertos de los que antes os hablaba, un lugar de ensueño frente a un mar de aguas tranquilas desde cuya bahía se divisa el pueblo. Esta ha sido mi casa durante estos más de diez días, me lo recomendaron las chicas con las que compartí habitación al llegar a Ciudad de Panamá y acertaron de lleno. No sólo por la calma del lugar sino por la gente, han sido días de amistades florecientes, de risas y vivencias cómplices con viajeros de otras partes del mundo. Gente tranquila, emancipada, almas sin hábitos, seres de comportamientos espontáneos tras cuyas multitud de historias hallo con la mía un punto fuerte en común, el amor a la libertad que nos hace adictos, con todas las consecuencias apasionantes y no siempre lindas que ello implica. 

 
 

 
El pueblo, a una media hora larga de paseo, sólo diez minutos en taxi (dos dólares trayecto), está lleno de hostels y bares, en realidad es un cuadradito con una calle principal y otras secundarias que vibra de puro vivo, entre las leñosas casas de colores turistas y locales conforman una miscelánea particularmente curiosa, tiendas de víveres, restaurantes, vegetación, ¡ninguna papelera!, minúsculos habitáculos, casas de huéspedes, escuelas de surf, alquiler de bicicletas, un parque, la oficina de correos, la policía, taxi 25, embarcaderos, todo madera y el mar. En el ambiente una especie de fusión donde diferentes formas de vivir en perfecta simbiosis se combinan, se revuelven... a veces veo guiris blanquitas de la mano de musculosos negros (¡ay Jonás!*), surferos pura fibra de melenas largas desteñidas por la sal y el sol recorren las calles en bicicleta agarrando la tabla de surf con una mano y tratando de manejar con la otra, buscan playas, deporte, adrenalina. De día y y de noche, Bocas es un lugar que invita a la diversión. Gringos descalzos, mucha gente del sur del continente, argentinos y chilenos, también del norte, canadienses y yankees, chicas lindas exhibiendo sus atléticos cuerpos en bikini, culto a la belleza natural, sin maquillajes, sin aditivos, con poca ropa. De noche Balboas o Ron Abuelo con cola en La Iguana o AquaLounge, lugares donde además de beber, bailar y divertirse uno puedo darse un chapuzón en cristalinas aguas donde se reflejan estrellas del tamaño de un puño, reggae, por desgracia a veces también suena la acepción de esta palabra que termina en -tón, sudor, hormonas, juerga, mucho hablar en inglés pero también regalarse el oído con esos ¡qué linda que sos! de los del sur o ¡herrrrmosa mamasssitaa! de los de acá. Marihuana para quien la consuma a golpe de mirada a esos negros de dientes de oro que con voz rajada de Louis Amstrong ofrecen su producto sin ningún disimulo, ¿No quieres yerba mami? ¡Ah que no fumas! y te chocan el puño diciendo ¡Okey mi amor! ¡Au grai! Mucho ahogar luego de la fiesta las resacas en el mar, sudarlas haciendo como la que surfea. Cansarse, secarlas al sol.
 
Pero si algo se me ha grabado en la retina de esas noches de danzas a ritmos de Marley y carcajadas fermentadas en ron y cerveza han sido las idas y los regresos desde AquaLounge (el lugar de pary en Isla Carenero) a Pukalani en bote. Más los regresos donde ya no importa nada, ni que el pelo secado al aire sin peinar se despeine, ni que los salpiques de agua salada me destrocen esos trazos negros que para lucir más bonita o misteriosa ¡qué se yo! me pinté en los ojos. Surcando ese mar transparente en la oscuridad de la noche, dejando atrás el bullicio apagado tras crujientes maderas de colores, las luces amarillas que se reflejan en el agua, dando botes a golpe de ola sobre la dureza de la barca, impregnada entera del aroma intenso del oceáno y del olor a nafta del motor que run run run me lleva de vuelta al descanso, observo un cielo oscuro colmadísimo de estrellas, un cielo que en el mar no es horizontal sino una cúpula. Hermosa noche negra. Sólo por el majestuoso paisaje punteado, por la intensidad breve del momento, ya merece la pena haber venido hasta aquí.
 










* léase "Pura Vida", de José María Mendiluce








3 comentarios:

  1. Oye....me estas dando mucha pero que mucha envidia!!!
    Sigue disfrutando y búscame un buen pico para surfear que agarro mi tabla y voy para allí!!
    Um abraço grande desde Brasil

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  2. Guayaaaa!!! Desde ahí en el Caribe acuérdate que, aunque helaita, me baño to los días en la misma agua que tú, estamos conectadas a través del estrecho y muchos sueños gemelos, qué bien que escribas tan bonito. Yo también te siento cerquita amiga.

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  3. Me encanta leerte Guaya, me da tranquilidad y un poquito de calor que necesito aquí ¡¡ Que esta gente son todo lo contrario...más fríos que el tiempo que los arropa, jajaja. Y me parece genial que la palabra que te defina sea entusiasmo, la mía ahora mismo es ilusión...bastante parecida ¡¡¡
    Un besote enorme, hoy tengo muchasganas de tomarme una cervecita conmigo mirando al mar o a lo malo en la terraza de tu piso arreglando el mundo ¡¡
    MUAKKK

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